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2018 enero | FECLEM
Historias de vida: Las frías noches de invierno

Historias de vida: Las frías noches de invierno

En 2013, la Fundación Tutelar FECLEM conoce a Antonio. Un juez cita a la Entidad para valorar su caso y asumir su tutela parcial o curatela. Habitualmente él es un hombre tranquilo, educado y preocupado por sus tierras y su casa del pueblo. Le encanta pasear solo y disfrutar del paisaje de la tierra que le vio crecer. Antonio, de 45 años, se sienta a la lumbre en su vieja y desastrada casa del pueblo. Se calienta esas manos talladas por el campo mientras observa los surcos que el duro trabajo ha dejado en su piel. Se evade rememorando su época de empresario agrónomo, un autónomo que intentaba lidiar con las adversidades del campo todos los días, pero que por su falta de constancia o por sus decisiones o por quién sabe qué, desatendió su negocio. No tiene padres, ni hermanos, ni pareja, su casa es la de su familia, una casa de la que no se hace cargo de los gastos, ni el IBI, ni basuras… en realidad, no le importa. Como no le importa no haber tramitado la herencia de sus padres para que la casa de su niñez ahora sea suya. Le da igual, nadie le va a sacar de ahí.    Es un hombre con la salud de un roble y, aunque a veces ha tenido que ir al médico, él no se encuentra mal. En la localidad vive su tía Claudia a la que hace ya bastante tiempo que no visita, tiene muchos años y sus problemas de salud hacen más difícil que mantengan una buena relación. Su dejadez y, en cierto modo, su soledad, le han llevado a residir en una vivienda en la que ya no hay luz, ni agua caliente, ni calefacción, sólo recuerdos de épocas pasadas. Además, la casa es antigua y no dispone de baño. Tampoco es inconveniente para Antonio, está acostumbrado. Pero las condiciones de habitabilidad no existen aunque él no sea consciente de ello. Lleva sobreviviendo así más de diez años, es un hombre fuerte de campo con la salud de un roble y, aunque a veces ha tenido que ir al médico, él no se encuentra mal. A veces va al bar, aunque no juega la partida porque tampoco tiene mucha afinidad con sus vecinos. Con algunos de ellos ha tenido algún encontronazo que ha conllevado una citación del juzgado a los pocos días. Las riñas vecinales no le quitan el sueño pero sí los hombres entraron en sus tierras a medir quién sabe qué diciendo que pertenecían a una entidad oficial y eso le sacó de sus casillas hasta el punto de apedrear el aparato medidor. No acudió tampoco a la citación pertinente, para él no era relevante. Lo que le interesaba era saber porqué pusieron aquellos aparatos… y con esos pensamientos se envolvía antes de dormirse acunado por sus...

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