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Historias de vida: no estoy enfermo | FECLEM
Historias de vida: no estoy enfermo

Historias de vida: no estoy enfermo

En el lado contrario a la petición de la propia persona de la modificación de la capacidad (o como se llamaba antes, la solicitud de incapacidad), tenemos a Carlos, 58 años. Carlos no es consciente de su enfermedad ni de la necesidad de apoyos. Desde muy joven es alcohólico y eso le ha llevado a una hepatopatía alcohólica y el ingreso en más de una ocasión en la unidad de agudos para desintoxicarse, y en la unidad de digestivo por los problemas de salud que acarrea el alcoholismo.

Después del fallecimiento de su mujer, Carlos continuó viviendo en la casa familiar que, con el paso del tiempo y la falta de cuidado, se convirtió en un lugar insalubre. Tiene una hermana que vive en un centro de mayores, y una hija que aportó la mujer al matrimonio pero que se ha desentendido de él. El CEAS más cercano y el Centro de Salud fueron los primeros en dar la voz de alarma sobre la situación de emergencia social en la que vivía Carlos: desatendido, sin familia cercana, sin recursos, sin dinero, y entrando y saliendo de urgencias continuamente debido a sus intoxicaciones alcohólicas.

Una vez que se detectó el problema, se pusieron en funcionamiento los mecanismos de protección. Esto significa que, antes de nada, antes de hablar de tutelas o incapacidades lo primero que se hace es asegurar el bienestar de la persona. Se le diagnosticó ataxia y demencia, tenía alteradas las funciones cognitivas como consecuencia de una vida regida por el alcohol. Desde el área de Pretutela de la Fundación se le intentó prestar apoyos de manera voluntaria: tramitar ayudas de emergencia, comedor social, estancia temporal en un centro para recuperación física… Sólo aceptaba la ayuda cuando sus condiciones físicas eran precarias, pero al recuperarse las abandonaba y volvía a la misma situación de indigencia.

Desde el CEAS se comunicó a la Fiscalía la situación de indefensión e iniciaron el procedimiento de modificación de la capacidad, solicitando a FECLEM su participación en el proceso y estudio del caso. La Fundación Tutelar habló con los parientes más cercanos para conocer su situación de primera mano y se le visitó para confirmar lo que ya se sabía: Carlos vivía abandonado, en malas condiciones, indefenso y sin ser consciente de ello. Ante esta situación, la Fundación activó una medida cautelar de protección, solicitó ser nombrada Administrador Judicial y así empezó la prestación apoyos. Ante su negativa, se articuló con el CEAS y el Centro de Salud solicitud de plaza residencial por emergencia social y autorización judicial de internamiento involuntario en centro adecuado a sus características, ante la negativa de la persona.

A pesar de todos los intentos, Carlos no creía necesitar ayuda y seguía recayendo una y otra vez. Cada nueva borrachera le hacía un daño psicológico irreparable. Por fin se le concedió una plaza de psicogeriatría que le alejaría del alcohol y le proporcionaría calidad de vida. El personal de FECLEM le recogió y le llevó a su nuevo domicilio.
Una vez asegurado que sus necesidades básicas estaban cubiertas, la Fundación solicitó al juzgado ser tutores. FECLEM comenzó a regularizar su situación económica y patrimonial. Se tramitó la demanda de la Administración Pública por impago de la vivienda de protección oficial que tenía, y se solicitaron las ayudas económicas, pensiones y prestaciones a las que tenía derecho.

Carlos actualmente sigue sin tener conciencia de enfermedad, no cree que esté enfermo ni que necesite ayuda. A veces se escapa del centro en el que reside pero siempre vuelve ya que, en cierta manera, sabe que allí está bien atendido.
Actualmente vive en un entorno residencial pero sin apariencia de centro de mayores. Tiene su espacio, comparte una sala de estar, cocina y jardín con sus “compañeros de casa” y la presencia de personal de la residencia y médicos es testimonial.
No se ha conseguido que sea consciente de su enfermedad y su adicción pero tiene un hogar, amigos que ha hecho en el centro y libertad para salir y disfrutar de la vida aunque en más de una ocasión recaiga en sus viejos hábitos. La Fundación seguirá trabajando para que acepte que tiene una enfermedad mental y asegurará su bienestar en el centro en el que vive o en otro lugar.

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