Sagrario: el silencio como aliado

Sagrario: el silencio como aliado

El silencio era el mejor regalo para Sagrario. Lo llevó hasta tal punto que casi se le olvida hablar. No le apetecía compartir sus pensamientos o emociones con cualquiera que se acercara a ella. Llegó hasta tal punto su compromiso con el silencio que parecía haberse mudado a vivir a otro mundo, un mundo interior al que era demasiado difícil ser invitado.

“Un caso complicado” solían decir los profesionales. Aún así, nunca se perdió la esperanza de volver a oír su voz. Pasó de un recurso a otro mientras su cuerpo se iba deteriorando, no respondía a las órdenes de Sagrario, sólo le quedaba sentarse a ver alejarse sus capacidades más básicas. Un ingreso tras otro, tantos que perdió la cuenta. Así había pasado muchos años, poco más le quedaba por vivir.

En 2009 la Fundación FECLEM asume su caso. Diagnóstico: esquizofrenia paranoide con deterioro cognitivo grave, hetero-agresividad y agitación psicomotriz. Y además hipertensión. Sagrario pensaba entonces que mejor estar callada para no complicar más la cosa. Parecía que la vida se había cebado con ella. Y el futuro no se auguraba más prometedor porque el alzhéimer estaba entrando en sus aposentos sin haber sido invitado.

Hospitales, unidades de rehabilitación, mini-residencia, ingresos constantes… parecía no existir un lugar adecuado para ella. A esta situación se le sumaba la soledad que sólo se paliaba con alguna llamada de una tía suya que ya tenía muchos años pero que se preocupaba por la salud de Sagrario. Tampoco es que ella necesitara tener cientos de amigos, de hecho apenas hablaba con otros usuarios de los recursos en los que estaba ni con los profesionales que la atendían.

 

Diagnóstico: esquizofrenia paranoide con deterioro cognitivo grave

 

Día a día su expresión se volvió triste y vacía. Cuando alguien intentaba hablar con ella, ni tan siquiera le miraba a los ojos, no encontraba palabras ni razones para entablar una conversación. Se perdió en su mundo interior. Llegó al mutismo y solo lo rompía cuando alguien intentaba invadir su espacio. En esos momentos le hervía la sangre y explotaba su ira. Sus episodios de agresividad no tenían tampoco culpable, eran la vía de escape de aquello que vivía que parecía que nadie entendiera.

En 2009 la Fundación FECLEM asume su caso. Diagnóstico: esquizofrenia paranoide con deterioro cognitivo grave, heteroagresividad y agitación psicomotriz. Y además hipertensión. Sagrario pensaba entonces que mejor estar callada para no complicar más la cosa. Parecía que la vida se había cebado con ella. Y el futuro no se auguraba más prometedor porque el alzhéimer estaba entrando en sus aposentos sin haber sido invitado.

 

 

Llegó al mutismo que sólo lo rompía cuando alguien intentaba invadir su espacio.

 

 

Todavía pasarían 5 años más para que le llegara una nueva oportunidad. Sus tutores decidieron que era el momento de probar en una residencia de la tercera edad. Sagrario mostró la misma ilusión que en el resto de intentos que se hicieron para intentar que mejorara. Pero algo cambió dentro de ella. Poco a poco se iba sintiendo más cómoda, su nueva casa le proporcionaba cierta tranquilidad. Algunos de sus nuevos compañeros intentaban hablar con ella, empezó a recibir alguna visita de compañeros de su largo viaje que compartieron con ella sus horas más oscuras. Y así fue floreciendo. Su mutismo se convirtió en unas palabras que dieron paso a frases y que se convirtieron en conversaciones. Se encontraba mejor, estaba mejor. Engordó un poco, que lo necesitaba, empezó a acudir a sus citas médicas… y lo más importante, fue aprendiendo a mostrar sus emociones. Aunque todavía tiene algún episodio de agresividad, sólo suelen ser al despertar, cuando no recuerda qué está haciendo en esa cama ni esa cama dónde está.

 

La Fundación decidió establecerle ciertas rutinas que ha ido asumiendo con buen gusto: va a la peluquería cada 3 meses, cada dos le toca el podólogo, y cada 15 días la lavandería. Hoy en día participa en algún taller que le gusta como el de músico-terapia y empezó a ir a la piscina, aunque la cambió por un paseo diario de una hora.

Sagrario está contenta, su mirada ha cambiado. Parece más fuerte, se enfrenta a sus temores y no deja que sean estos los que la guíen. La Fundación Tutelar FECLEM seguirá haciendo lo que esté en su mano para que no vuelva a la oscuridad que reinaba en su vida. Y si volviera, empezaría de nuevo a trabajar por ella.

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